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viernes, 8 de mayo de 2009

Si Rocé la Luna


Si rocé la luna con un suspiro,
fue porque tus labios tallaron peldaños
hacia el universo.
Entre beso y beso nacía un escalón
y entre los que no nos dimos… nacían dos.

Si toqué la luna y acaricié su rostro,
fue porque tus manos lo hicieron con el mío.
Y a tu lado fui noche y engendré una estrella
para que te guiara sobre mi piel desnuda
y que ni una sola de tus caricias, ¡ni una sola!
se perdiera entre la sombra de tus dedos tibios.

Si besé la luna y cerré los ojos,
fue porque entre tu cuerpo y el mío ya no habían cerrojos.
Y porque ella, recatada y cómplice, entornó los suyos para regalarnos
un techo de sombra donde cobijarnos.
Y comimos sueños y bebimos anhelos y sorbimos deseos… de caramelo.

Y al llegar el día y quedar sin techo,
me cobijé en el alba de tu recuerdo.


Lenta

Abrazo


Aún recuerdo de qué modo llegaste a mi vida, aunque el tiempo, ese líquido elemento por el que navegamos, se ha encargado de ir diluyendo el motivo y el momento.
Pero te quedaste, y tras largas horas de cantarle al alma, fuimos componiendo una sencilla melodía, a la que poco a poco, entre risas y juegos, entre lágrimas y rabia y algún café con ojeras, fuimos añadiéndole más y más notas hasta crear un nuevo sonido, ese que suena a cariño, a ternura y aprecio, ese al que algunos llaman: “Amistad” y otros… no lo saben ni siquiera tatarear.


Y es que sabes limpiar las heridas del alma como nadie, usando los paños limpios de tu ternura.
Y es que a tu lado, cualquier ser se siente seguro, porque sabes como protegernos con el escudo de tu sabiduría. Y si fallan las fuerzas, o simplemente apetece un sorbito de felicidad, sólo hay que buscar tu risa y esa sonrisa preñada de vida que traes al mundo impregnada de ti, uno de los tantos y tantos tesoros que alberga tu fértil corazón.

El sueño que deseo regalarte, el que ya es tuyo, huele a mar y a espuma blanca sobre la arena… y a ese beso que sólo puede darse al despertar, y sobre todo, huele a hogar… y a gotas de lluvia cobijándose bajo el zaguán de tu ventana abierta. Y he pensado en envolvértelo rodeándolo con un enorme lazo del azul más claro y más limpio, cómo esa mirada… que tanto te gusta, para que nunca, nunca más te falte… “ese abrazo”.

Con todo el cariño de esta pequeña y lenta oruguita

Lenta
(dedicado a mi amiga Chula)



Clic


Me estaba preguntando… ¿por qué nacen los sentimientos cuando sólo tenemos un río de palabras para regarlos, ni una pequeña parcela de piel para enraizarlos y ni un solo beso con labios enredados para abonarlos?
Pero nacen… y crecen… y brotan… y florecen…
Y es que me he dado cuenta de que en cada una de mis palabras dejo una parte de mí, al igual que con cada una de las tuyas sé que entregas un trocito de ti.
Y no sabes cómo me gusta guardar tus cachitos en el primer cajón de mi corazón... y perfumarlos con mis latidos.


Me gusta pararme a mirar como juegan nuestras letras, cómo se cruzan nuestras risas, cómo se adivinan miradas y se comparten guiños. Me gusta seguir tus pasos, oír su eco y seguirte con la mirada buscando entre tantas líneas aquellas que me dedicas.


Te imagino caminando, en medio de la gente, y yo mirándote… a lo lejos… De pronto te das la vuelta, me miras, me sonrojo al verme descubierta, me sonríes por ello y es entonces cuando me doy cuenta de que la gente se diluye, el paisaje cambia, el aire empieza a quemar en Enero, espera a que llegue Febrero… Y ahora estás tan cerca… casi puedo rozarte, ¡no!, que te rozo con una de mis vocales y me respondes con un beso.

Qué fácil es besar cuando no hay labios y que difícil sería dejar de hacerlo si los hubiera…
Me das tu mano, te la acaricio cuando la acercas y siento como te estremeces con mi contacto, ¿será porque las mías están frías?, será… o no.
Pero es la hora, y como en todos los cuentos, el paisaje vuelve a ser el de antes, -¡tengo que irme!… ¡y el zapato de cristal lo he perdido en tu ventanal!-.
Ay… cómo duele despedirse… Es cómo si dejara atrás otra vida: la de los juegos, la de las risas, la de los guiños, la de los besos de colores, la que me convierte en niña y a ti en mi niño, la de las mil palomas que me aletean por dentro, la que nos hace llevadera la verdadera…

Pero esta otra vida, se apaga con un triste: … “clic”... Y me quedo a oscuras… sin ti, deslumbrada aún por tu mirada, y sonriendo a… la nada. Pero esta vez he hecho trampa, porque aunque he perdido mi zapato cristalino, a escondidas, me he traído un suspiro. Así que… volveré…te buscaré… me encontrarás… y tal vez… juntos… encontremos un cuento donde quepan nuestros sueños.

Lenta